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Navegando en la Niebla

Consideraciones sobre la incertidumbre en el 2026

El acto más revolucionario y necesario para recuperar la calma es validar nuestras emociones y entender que lo permanente, en estos tiempos, es la falta de control, la incertidumbre.

No podemos controlar el entorno macro, ni las noticias —muchas de ellas fake news— pero sí podemos controlar nuestra rutina diaria, esas pequeñas cosas que forman parte de nuestro autocuidado, por ejemplo.

El ayer no existe, estamos en un hoy intenso y frenético, el mundo gira a una velocidad vertiginosa y los acontecimientos nos abruman, se han roto muchos esquemas previos y nuestra mente tiende a reaccionar en modo "parálisis" cuando hay una desestabilización del autoconcepto colectivo.

El costo cognitivo de la incertidumbre

La incertidumbre en estos días y, en muchos países, no es una abstracción filosófica sino un drama logístico y existencial que conlleva un costo cognitivo enorme tratando de predecir situaciones futuras a la par que desgasta nuestras reservas energéticas, disminuyendo la dopamina y elevando nuestro cortisol al mantenernos hipervigilantes.

Las estructuras de poder conocidas parecen estarse desvaneciendo o no ofrecen un anclaje seguro. En consecuencia, nos confundimos, y nuestro cerebro emplea energía extra intentando predecir variables utópicas. El caos general nos desorienta y tratamos, en balde, de reconstruir nuestro entorno sin darnos cuenta de que hay que empezar por nuestro íntimo espacio vital.

Nuestro cerebro interpreta la falta de información válida como una amenaza real y activa nuestro sistema de alerta. Así se va instalando una desesperanza que va deteriorando nuestros recursos cognitivos.

Pero de nada vale congelarnos a la espera de poder retomar el control que antes creíamos tener.

Desconocemos lo que realmente está pasando en el afuera, mucho menos sabemos el porqué.

Volver al centro

Hemos de concentrarnos en nuestro locus interno y abrir una ventana de tolerancia ante la pérdida ambigua que enfrentamos, ante este duelo por la ilusión momentáneamente extraviada.

¿Y qué hacer, entonces…?

  • Filtrar la información — Comprobar lo que consumimos y que la información no nos consuma a nosotros.
  • Concentrarnos en lo elemental — Alimentación, higiene, trabajo… pero con atención plena, día a día.
  • Reforzar los factores de protección — Amigos, familia, colegas. Los vínculos son nuestro mejor anclaje.
  • Reconstruir nuestra brújula interna — Dar pasos cortos, pues la visibilidad está realmente limitada.
  • Trabajar en nuestra tolerancia a la ambigüedad — Aceptar que no tener todas las respuestas no significa estar perdidos.
  • Asumir el riesgo con consciencia — Sabiendo quiénes somos y recordando que la incertidumbre se puede transitar, calculando el costo que la situación nos demande.
Navegar bajo la incertidumbre es un acto de suprema valentía donde la niebla es parte del entorno, no nuestro destino final. La claridad ha de venir desde la calma que cultivemos mientras aprendemos a vivir con lo que aún no tiene respuesta. Validemos pues los pocos metros de claridad que tenemos delante.
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¿La incertidumbre afecta tu bienestar?

Navegar en la niebla es más fácil cuando alguien te acompaña. Hablemos sobre cómo reconstruir tu calma.